Cementerio de Calderón

Serenata a los difuntos

img_3513
Tres jóvenes que son parte del movimiento Juan XXIII, ofrecieron serenatas voluntarias.

Este 2 de noviembre el cementerio de Calderón, se abarrotó de familiares quienes fueron a visitar a los difuntos en su día.

Desde muy temprano el cementerio abrió sus puertas, para recibir a cientos de familiares de los que aquí descansan. Limpiar los espacios, comer junto a las tumbas de sus seres queridos. Además de brindarles sentidas serenatas, fueron parte de las actividades.

El 2 de noviembre día de los muertos o fieles difuntos, muestra un sincretismo entre lo pagano y lo divino, entre la celebración de los pueblos originarios y la recordación del calendario cristiano católico.

Tres jóvenes que son parte del movimiento Juan XXIII, ofrecieron serenatas voluntarias. Ellos recorrían todo el cementerio, para cantarles a los muertos y a los vivos. Cristian Pallo, uno de los cantantes, manifestó su satisfacción por compartir este detalle, ya que de esa manera él considera que los familiares se unen más hacia sus muertos. En su repertorio musical estuvo presente la canción Vasija de Barro.

Edelina Gualoto, señaló que todos los años y junto a su familia, vienen a visitar a su nieto, que yace en ese lugar desde hace ocho años. Ella fue una de las personas que solicitó un tema musical para su ser querido. Entre alegría y tristeza cantaron un poco de las canciones.

img-20161102-wa0035

La tradición de los mayores se ve conjugada con la novelería de los más jóvenes, que se sujetan a las costumbres de sus abuelos, en algunos casos. Hijos visitando a sus padres, esposos pintando la tumba de sus esposas, familias compartiendo la comida que más le agradaba al finado, son los tópicos que aún se ven en este lugar.

María Verónica Hidalgo de 11 años acudió en compañía de su familia para conocer acerca de esta costumbre, “Sentí alegría y tristeza, alegría por los que estaban visitando a sus familiares y tristeza por las tumbas descuidadas, porque ya nadie se acuerda de ellos” dijo.

Por su parte Lenin Rodríguez, párroco de la parroquia, quien llegó hace pocos días; señaló que esta fecha es muy importante porque “no se celebra la muerte, sino la vida, porque Dios es un Dios de vida” y los alimentos que traen al cementerio es para compartir con sus seres queridos con mucho amor.

Un año más pasará y nuevamente el cementerio de Calderón, será silencioso testigo de los cientos de miles de personas que agobiadas en algunos casos, volverán a ingresar por sus puertas, ya sea en sus propios pies o recubiertos de madera. /J. Burga

img-20161102-wa0095

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *