PERFIL ENRIQUE TASIGUANO

“Nosotros tenemos la suerte de pertenecer a dinastías de gran ingeniería para la vida”

La luna llena  es el marco perfecto para hablar de un ser sabio guiado por los astros milenarios que depositaron en él, el saber y conocimiento de cientos de generaciones anteriores que crearon y recrearon una forma de existencia ancestral acorde con las leyes de naturaleza y la cosmovisión andina.

Consultor, maestro, líder y amauta de la comuna milenaria HATUN PAMPA, lleva consigo una enciclopedia del conocimiento sobre el pueblo KITU-KARA, desde sus inicios muchísimo antes de la conquista incásica, cuando se hablaba el Shillipanu, de ahí los nombres de Pichincha, Pululahua, y Casitagua por citar algunos, hasta la actualidad donde todavía se manifiesta esta identidad ancestral.

Nos recibe en su casa desde donde se divisa el valle de Tumbaco y el sagrado Ilaló que guarda los vestigios de El Inga desde hace por lo menos 19 mil años de identidad. Es un hombre de contextura normal, de mediana estatura donde las canas ya pueblan casi todo su cabello, canas que han llenado de sabiduría su caminar por Latinoamérica y Europa llevando el emblema de su raíz y linaje producto de la tradicional oral de nuestros pueblos en el pasado remoto.

Saludamos con un apretón de manos como el primer día que asistí a sus clases magistrales de kichwa, y digo magistrales porque producía la amalgama perfecta entre la escuela y la música con melodías de antaño junto con acordes pentatónicos que rememoraban las voces de nuestros mayores, de nuestros abuelos. Esas clases que iniciaron en la Casa Comunal junto al mercado y que hoy las sigue impartiendo desde su hogar aproximadamente 3 cuadras al sur de allí.

“Nuestras raíces van 4 o 5 mil años A.C.”

La conversación fluye amena en torno a la procedencia y lugares donde se asentaron los KITU-KARA venidos desde el Caribe y ubicados al sur de Venezuela, a lo largo de Colombia y Ecuador, hasta la mitad del suelo peruano concretamente Tumbes. Nos relata con la precisión de un cartógrafo la ubicación de esta confederación y la riqueza cultural manifestada en los elementos simbólicos, festividades, sembríos, cosechas, “transmitiendo todo esto de padres a hijos por medio de la bondad del trabajo. Esa es la esencia de lo que debe ser, de nuestra sociedad”.

Defensor, partícipe y convencido de la educación no formal como antídoto en contra del urbanismo indiscriminado, como alternativa educativa a la instrucción escolar, nos explica cómo ascender a esa esencia o núcleo del ser, mejorar la vida a través de rescatar los valores supremos de los mayores para tomar de la naturaleza únicamente lo necesario para supervivir.

Sus hijos han heredado la sapiencia para revitalizar el legado viviente de Don Enrique, desde la gestión cultural y el apoyo constante al Cabildo, forma organizacional que la comuna utiliza para el bienestar de su pueblo, hasta la creación de estructuras culturales y comunicacionales que por medio de la investigación y el conocimiento de la realidad avanzan en la reciprocidad como principio básico para compartir y supervivir. ¡COMPARTAMOS! / V. Haro.

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