Conociendo al último alpargatero de Pomasqui

Con este oficio, el artesano  trata de que esta tradición no  muera  y  se pierda con el tiempo y las personas  vuelvan a utilizar este tipo de calzado como lo hacían antiguamente.

Por Rita Encalada

Llegué al barrio Santa Clara del Común de  Pomasqui para visitar al último alpargatero de este sector, el único sobreviviente más antiguo.

Me recibe en su domicilio con una dulce sonrisa. Mientras  se prepara para la entrevista primero se saca los zapatos para sentirse más cómodo en pata llucha como él dice y a paso lento  se dirige  a la tulpa para ver si la pequeña hoguera se ha extinguido.

Mientras se sienta en una de las bancas de su taller, observo su rostro marcado por el tiempo, sus ojos brillosos y cansados pero que a la vez no dejan de ser expresivos y muestran la personalidad  de un hombre alegre, sencillo  y que en sus manos guarda   un maravilloso talento.

Se trata de Segundo Sigcha, a quien le conocen como el “Chugchurillo” que significa pájaro silbador;   apodo que recibió de su padre a quien también lo denominaban así.

A  los 6 años  hizo sus primeras alpargatas, oficio indígena  que  aprendió de su tío Julio para poder subsistir y recuerda que  en esa época le pagaban un sucre semanal.

Hoy, a sus 76 años continúa  trabajando en la  realización de las alpargatas,  un calzado que era fundamental durante los bailes de los yumbos cuando zapateaban con fuerza mientras agradecían a la tierra.

Después, muy amablemente me dice venga, le indico como se hace las alpargatas y miro que no es una tarea  tan sencilla como parece , pues luego de sacar la cabuya del penco hembra hay que lavarla y secarla para luego cepillarle y hacerle una trenza  y posteriormente la  horma de la plantilla. Sus hijos y familia le ayudan hacer la capellada que es el tejido del zapato.

Diariamente don segundo elabora un par de alpargatas que cuestan 25 dólares para adultos, 12 para los niños y una de las novedades  que elabora son las famosas alpargatas con pupos  y su costo es de 35 dólares. Reconoce que el oficio no le da para comer por lo que se dedica a la construcción u oficios de plomería y electricidad.

Antes de culminar esta grata conversa, don Segundo me invita a probarme una de sus creaciones, que además de ser un icono de nuestra cultura ayuda a  la salud porque evita las varices y piquetes en los pies, rodillas, columna, ciática y el  estrés.

Para despedirme dijo que seguirá haciendo este tipo de calzado hasta que Dios le preste la vida.

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