En Ecuador, uno de cada cinco estudiantes entre 11 y 18 años afirmaron ser víctimas de acoso escolar, mientras que seis de cada 10 fueron víctimas de un acto de violencia, así revela la primera investigación “Violencia entre pares en el sistema educativo: Una mirada en profundidad al acoso escolar en Ecuador”.

La investigación fue realizada por el Ministerio de Educación, Unicef y World Vision realizada, en 2015, en 126 instituciones educativas públicas y privadas, tanto urbanas y rurales de la Sierra, Costa y Amazonia. Se aplicaron 5.511 encuestas a estudiantes de entre octavo de básica y tercero de Bachillerato.

Jorge Valles, representante adjunto de Unicef explicó que la violencia puede ser verbal, sicológica y física y se refleja a través de insultos, apodos ofensivos, difusión de rumores, golpes y sustracción de pertenencias; que ocurre hasta entres ocasiones en un periodo de cinco meses.

Mientras que, el acoso escolar es el que ocurre de forma reiterativa a una misma forma de intimidación ocasionada por otro estudiante por cuatro veces o más durante un quimestre.

La mayoría de casos se presenta en las aulas, en el patio de la escuela, en los exteriores del centro educativo y en último lugar, en los pasillos, baños, bar escolar y en el transporte.

Las mujeres son las que más sufren sustracción de pertenencias, rumores, o son amenazadas con revelación de secretos mientras que, los varones son más propensos a la violencia por insultos, apodos y golpes. La violencia física es más frecuente en zonas urbanas así como los casos de ciber acoso.

Los casos de acoso escolar

Ximena (nombre protegido) recuerda que en su escuela, dos niñas en repetidas ocasiones les halaban el cabello a otras, amenazaban si no les daban algo que ellas querían (comida o insumos escolares), también les pedían bajo presión que les hagan las tareas que ellas debían hacer.

Historias como ésta se repiten en las escuelas, Paola de 35 años recuerda cuando tenía 14 años le acosaban porque su padre era taxista y la insultaban por ser pobre en un colegio que era de clase media, además le maltrataban y recuerda que le pegaron en un par de ocasiones.

“Yo les decía a los profesores y nadie hacia nada en mi escuela y yo me sentía mal, no quería ir al colegio, al pasar los años siento que lo superé y crío a mis hijos de forma que ellos aprendan a ponerse en el lugar del resto y no hagan sentir mal a otras personas” contó.

Miguel Herrera, Viceministro de Educación indicó que el 20% de estudiantes víctimas de acoso escolar han pensado en suicidarse por ese motivo y que el mayor reto es crear una cultura de paz e involucrar a las familias para prevenir estos hechos.

Según Herrera la solución no es cambiar de colegio a los estudiantes que sufren de acoso, porque eso no arregla el problema de fondo. Lo importante, dijo, es encontrar una solución entre padres de familia, profesores y tanto las víctimas de acoso, como quienes lo ejecutan.

Como padres es importante observar los signos del acoso en los niños y jóvenes: por ejemplo, si no quiere asistir al colegio, se presentan trastornos en su alimentación, tiene algún síntoma de depresión, llora con facilidad o no tiene ánimos para jugar.

Anna Volhonnen, Oficial de Educación y Primera Infancia de Unicef, dijo que se debe pensar en el acoso escolar como una problemática que afecta no solo el rendimiento escolar y el aprendizaje, sino que afecta a la capacidad de resolver conflictos de forma pacífica, sin violencia.

Advirtió que el acoso escolar es un problema mundial gravísimo que han ocasionado matanzas en escuelas y suicidios en adolescentes. “Las chicas sufren de rumores, acoso por su apariencia física, temas relacionados a la sexualidad y luego se generan estos pensamientos autodestructivos y comportamientos reales autodestructivos. En el caso de los hombres, el patrón machista sigue vigente, son los agresores en la mayor parte de los casos y se da violencia física, esto es el reflejo de muchas cosas que ocurren en la sociedad” indicó Volhonen.