Como una forma milenaria de autosustentarse, los monasterios y claustros de la Iglesia Católica se dedican a la elaboración de distintos productos para el expendio público, que pueden ir desde arte sacro, imaginería religiosa, artículos para oración y también productos de uso y consumo humano.

San Agustín, Carmen Bajo, Santa Catalina de Siena, Santa Clara, Conceptas, Visitación de Santa María, son algunos de los monasterios de Quito en donde sus religiosas elaboran para la venta una variedad de productos como: dulces, vino y hostias de consagrar, cremas, colonias, entre otros.

Con el fin de verificar que los productos elaborados al interior de estos sitios cumplan con todos los procesos de calidad, la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa), por medio de la Coordinación Zonal 9, realizó visitas de control.

Allí se verificó que los productos se manipulen y almacenen en adecuadas condiciones higiénico-sanitarias, y que se cumplan las buenas prácticas de almacenamiento de materias primas y productos finales.

Se verificó además que el agua empleada en el proceso productivo de elaboración de vino de consagrar cumpla con las especificaciones microbiológicas y fisicoquímicas, y que el lugar cuente con procedimientos específicos de limpieza, desinfección y sus respectivos registros.

“Estos controles permiten encontrar oportunidades de mejora para ser aplicados durante el proceso productivo a fin de garantizar la calidad de los productos”, aseguró la Coordinadora Zonal 9 de Arcsa, Raquel Jaramillo, “de esta forma, apoyamos al sector productivo nacional como es nuestra misión, y en el caso específico de los monasterios de Quito, permite sustentar a la comunidad religiosa”.

Las iglesias y monasterios coloniales quiteños construidos entre los siglos XVI y XVIII, son Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco desde 1978 y parte del casco histórico de Quito, que es uno de los más bellos de toda Latinoamérica.