En el inicio de la pandemia, entre los meses de marzo y abril, en Guayaquil miles de ciudadanos buscaban atención médica por el COVID-19 u otras patologías.

Ahora el panorama es similar en Quito y aunque las autoridades nacionales señalaban que la situación estaba controlada, en esta semana se reconoció el escenario difícil que se vive.

De acuerdo al balance de este viernes del Ministerio de Salud, en Quito hay 8953 casos positivos de coronavirus.

Sin embargo, esta cifra parece contrastar con la evidencia científica a través de estudios y hasta la cotidianidad.

Según el informe epidemiológico de Quito presentado el pasado martes en la sesión del Concejo Metropolitano de la capital, hubo un pico de contagios el 1 de julio, de 682 nuevos diagnósticos.

El director de investigación de la Universidad UTE, Daniel Simancas, explicó que ya habían advertido que el relajamiento de medidas a través del cambio de semaforización (como sucedió a principios de junio) iba a derivar consecuencias dramáticas como la que se vive ante la falta de unidades de cuidados intensivos y hospitalización y el aumento de decesos en la capital.

Esto proyectaba que para el 10 de julio la capital alcanzaría su pico máximo de casos y luego comenzaría a descender.

«Hay otro fenómeno que hay que analizar que es la entrada del sector público. A pesar de que es un aforo de un 30%, que aproximadamente serán entre 30 y 50 mil personas que se reintegren a las actividades, se tendría que hacer otro modelo para incluir a este grupo poblacional que son los expuestos y susceptibles de contagio y probablemente vayamos de pico en pico hasta por algunos meses y las unidades de cuidados intensivos no dejarán de estar saturadas», señaló el investigador.

Ante esto hace un llamado para las autoridades analicen la posibilidad de dejar de relajar las medidas hasta descongestionar los centros hospitalarios ya que no solo se atienden pacientes de la ciudad sino también de otras provincias lo que ocasiona la sobresaturación.

«No es cuestión de recibir, como ha dicho el ministro, de recibir a los pacientes y que nadie se quede sin atención porque da lo mismo que se quede sentado afuera que esté sentado adentro y no es lo mismo un paciente que está en lista de espera… La gente tiene que entender si un paciente necesita un respirador tiene que ser conectado a la máquina sino hay altísima probabilidad de que muera», señaló.

Actualmente los números de casos de muertes en la capital no se asemeja a las cifras que se reportadas en Guayaquil debido a que se aplicaron medidas para evitar que suba la tasa de mortalidad.

Número de casos en Quito

La universidad realizó un análisis en aguas residuales sobre la presencia del virus y obtuvieron una estimación de que en un 60 a 70% se sobrepasa la cifra de casos que se han reportado. Simancas añade que se podría establecer que la cifra en Quito se podría triplicar, incluyendo a los casos asintomáticos que no se han hecho la prueba.

«Hay un subregistro importante de los casos, entonces perfectamente se podría decir que más las pruebas represadas, tienes mucha gente que se ha tomado esas pruebas y no tiene resultado, estamos teniendo una positividad de esas pruebas que llega entre el 60 y 70%, el total de pruebas que se han procesado perfectamente puedes analizar que el 60 o 70% son casos positivos por el índice de positividad», indica.

Estrategias para controlar el virus

El especialista señala que lo fundamental es que realicen más pruebas que permitan detectar casos para que se pueda aislar a aquellos que portan el virus. En caso de no tener esta opción, se plantea el confinamiento por sectores que tengan contagios muy importantes, denominadas zonas calientes.

«Hay que hacer un confinamiento inteligente con apoyo a las familias, con restricción absoluta para que el virus no se disperse, no estamos en contra que salgan a trabajar, pero que se demuestre que esta reactivación económica es efectiva y que no se dé mensajes a la población de relajamiento de que puedo salir al parque, de que ya puedo reunirme con la familia, la mayoría de los contagios son familiares».

Simancas explica que dependiendo del número de personas que reactiven sus actividades laborales se podrá tener un incremento de casos entre tres y cuatro semanas del cambio de la medida, aunque este no sería similar al del que sucedió en el cambio de semaforización roja a amarilla.

«Lo que hay que hacer es aprender a vivir con el virus, pero de una manera responsable con capacidad de que tú puedas ser atendido en algún momento».