La pérdida de un familiar o un buen amigo siempre será motivo de dolor. La posibilidad de decir adiós, es un aliciente para quienes atraviesan este difícil momento.

Por el riesgo de contagios, las autoridades prohíben las aglomeraciones, y solicitan respetar los aforos autorizados para las funerarias. Pero cuando una persona fallece por COVID-19, es aún más complicado, ya que se recomienda la cremación, y un velorio con la presencia del círculo más cercano.

Los cementerios reciben muy pocas familias en estos días, en los velorios se respeta un aforo máximo de 15 personas, dependiendo de las circunstancias.

El encierro, distanciamiento social y otras circunstancias adversas, tampoco contribuyen a continuar con los procesos de duelo, que afectan a miles de familias ecuatorianas.

La muerte, de la que pocos hablan, es un tema “tabú” por la carga de emociones que representa para cada persona. Aunque en muchas culturas, la han normalizado a tal punto, que incluso los niños comprenden de que se trata, un proceso natural y parte de la vida del ser humano.

Tiene diferentes significados, para muchos no es el fin, sino más bien, un nuevo inicio. Para otros, es la culminación de un ciclo, dejar nuestro cuerpo físico y volar a otras dimensiones. Otras creencias, señalan que volvemos a nacer, tantas veces como sea necesario hasta cumplir nuestro cometido en esta vida.

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Los espacios en los cementerios se han adaptado a las necesidades de las personas, podemos encontrar pequeñas lápidas cubiertas de flores y diferentes tipos de plantas ornamentales. 

Sin importar las circunstancias que rodean una pérdida, para la psicóloga Carolina Guzmán Vásquez, resulta necesario tomar en cuenta algunas recomendaciones, que podrían servirnos para superar este doloroso acontecimiento:

  • Desahogarse, cada persona lo hace de diferente manera, pueden llorar, gritar o dormir,  la mente y el corazón necesitan exteriorizar sus emociones de alguna manera.
  • Apoyarse en las personas que uno quiere, hablar de sus sentimientos.
  • Realizar un ritual de despedida, para agradecer y llorar a la persona que perdimos, como dedicarle una canción, leer su libro favorito, entre otros.

Recordar que no siempre podemos con todo, es un buen recurso que nos permitirá decir adiós, para sanar con calma.