En diciembre de 2019 inició el brote que cambió el mundo. Las salas de hospitalización de Wuhan, una ciudad al este de China, comenzaron a llenarse de pacientes con un extraño síndrome respiratorio.

Médicos locales comentaban la situación en chats internos, pero el gobierno se mantuvo hermético hasta el 30 de diciembre, cuando un informe reveló que se trataba de un nuevo coronavirus.

En solo 12 minutos la información se extendió por China y la comunidad científica internacional, obligando al gobierno a confirmar el hallazgo.

La Organización Mundial de la Salud recibió la alerta el 31 de diciembre y desde entonces el sars cov-2, como se le conocía hasta entonces, se convirtió en noticia.

Su origen se asociaba a un mercado de animales en Wuhan, pero de ¿Dónde surgió? Era sólo una de las miles de preguntas que había entorno a la nueva enfermedad.

¿Cómo se transmite? ¿Cómo se trata? Y lo más importante ¿Cómo se evita?. Eran las mayores incógnitas del 2020, pero las respuestas tardaban en llegar. Y los casos se multiplicaban a gran velocidad.

China dejó de ser el centro del brote. El virus había llegado a Europa, causando estragos inicialmente en Italia, donde camiones militares llenos de cadáveres comenzaron a hacer fila en los cementerios de Lombardía. Luego se extendió luego a los demás continentes.

Convirtiéndose así en pandemia, mucho antes de que la OMS lo oficializara en marzo.

Los gobiernos del mundo buscaban desesperados una solución y la respuesta fue el confinamiento.

Las calles de las ciudades más grandes del planeta quedaron vacías por un enemigo invisible. El temor a la enfermedad, a la muerte, encerró a millones de personas que solo veían por las noticias el avance de este virus como un devastador tsunami.

La mascarilla se hizo omnipresente, el contacto físico se volvió una amenaza mortal y la única arma a la mano para batallar contra la enfermedad eran el jabón y el alcohol. Así de rápido cambió todo.

Las víctimas se duplicaban a diario y con ellas el miedo y la desolación.

Pero las promesas de vacunas llegaron y en diciembre de 2020, comenzó la inoculación en el que se convirtió en un elemento indispensable para controlar la pandemia.

Desde entonces 10 mil millones de dosis han sido aplicadas.

Pero la batalla aun no termina, pues el COVID-19 ha mutado y con 5 poderosas variantes ha redoblado su ataque. Alfabeta, gamma, delta y ómicron han puesto a prueba la efectividad de la inmunización.

Y aunque han pasado dos años desde los primeros contagios, el mundo parece volver al inicio con el aumento de casos, de muertes y la implementación de nuevos confinamiento. ECUAVISA