Los enfrentamientos en el centro de Quito desatados por varias medidas económicas anunciadas por el Gobierno se reanudaron a media tarde de este miércoles con fuertes choques entre jóvenes manifestantes, sindicalistas y de organizaciones de izquierda con las fuerzas de seguridad.

Los principales disturbios se registraron en el parque de El Arbolito, cuando después de una pausa a primera hora de la tarde, los manifestantes comenzaron a arrojar piedras, palos, cohetes artificiales contra cientos de efectivos de seguridad en la Avenida 6 de Diciembre.

Los agentes dispararon más de un centenar de granadas humo, gas pimienta y lacrimógeno, tratando de resistir el embate de los concentrados.

María Paula Romo, ministra de Gobierno de Ecuador, se disculpó públicamente porque efectivos policiales lanzaron gases lacrimógenos por error al interior de dos universidades católicas, en las cuales se habían congregado cientos de indígenas tras ser desalojados de un parque quiteño.

“Eso no volverá a pasar”, dijo.

Mientras tenía lugar el enfrentamiento en calles transversales decenas de personas gritaban “viva el pueblo, viva el pueblo”, y también lanzaban de tanto en tanto piedras a las fuerzas de seguridad.

En el casco histórico la situación parecía a media tarde bajo control después de que a primera hora de la tarde tuvieran lugar allí intensos combates entre las dos partes.

Ya con las calles vacías, realzaba el daño causado por los enfrentamientos en carreteras, paredes, mobiliario público y otras propiedades, escenario que se asemejaba a una batalla.

Cientos de policías seguían apostados en el cordón de seguridad externo en el casco antiguo, perímetro que abarcaba varias calles desde la sede presidencial.

En el círculo interno, el atrincheramiento era masivo con barricadas de bloques de cemento, vallas y alambradas de púas, propias de una guerra.

Los disturbios tienen lugar en la séptima jornada de protestas por la decisión del presidente, Lenín Moreno, de eliminar los subsidios a los combustibles.

Este miércoles los sindicatos y la dirigencia indígena habían convocado una gran movilización nacional, con epicentro en Quito, que por lo general transcurrió de forma pacífica y tuvo brotes violentos en el casco colonial.

Busca diálogo

El presidente abrió la puerta del diálogo con la mediación de la ONU y la Iglesia católica.

Sin embargo, los indígenas exigen como condición que el gobierno desista de eliminar los subsidios que condujeron al alza del precio del diésel y la gasolina hasta en 123%.

El presidente “está gobernando solo con las recetas del Fondo Monetario Internacional, de las cámaras empresariales. Y es lo que rechaza el pueblo ecuatoriano”, sostuvo el líder indígena Salvador Quishpe.

Moreno no quiere dar marcha atrás en su política, y ofrece a cambio liberar más recursos para los indígenas afectados por el aumento generalizado de precios que en teoría origina el alza de los combustibles.

Castigado por un alto endeudamiento y la iliquidez de su dolarizada economía, Ecuador pactó en marzo un programa de préstamos con el FMI que alcanza los 4.203 millones de dólares.

Solo fue hasta la semana pasada cuando Moreno dio a conocer el lado más duro del ajuste que también prevé reformas tributarias, así como laborales que afectan a los empleados públicos.

Los indígenas representan el 25% de la población ecuatoriana de 17,3 millones.

Centenas de heridos y detenidos

El despliegue de los militares y la medida de excepción han sido insuficientes para contener la crisis, la más grave desde la caída del entonces presidente Lucio Gutiérrez en el 2005.

El martes se produjeron nuevos y violentos enfrentamientos. Un grupo de indígenas alcanzó a ocupar el Legislativo antes de que fuera desalojado por los uniformados.

A raíz de ello, el gobierno restringió el tránsito nocturno alrededor de instalaciones estratégicas como ministerios, puentes y antenas de comunicación.

En la primera semana de manifestaciones la Cruz Roja atendió a 122 heridos en las manifestaciones. El gobierno también reporta unos 700 detenidos.

Las protestas alcanzaron a la industria petrolera. Varios pozos en la Amazonia fueron ocupados por manifestantes, lo que generó una caída del 31% de la producción ecuatoriana, estimada en 531.000 barriles por día.

Moreno vs. Correa

Moreno culpa de la agitación social a su antecesor y exaliado Rafael Correa.

Según el mandatario, Correa intenta derrocarlo en alianza con el gobierno venezolano de Nicolás Maduro.

En el centro de una ofensiva diplomática y económica, Maduro se burló al señalar el martes que esa acusación es tan insólita como decir que puede derrocar gobiernos con tan solo mover su bigote.

En Bélgica, Correa dijo el miércoles que sería candidato si es necesario tras plantear el adelanto de elecciones ante la que describe como “grave conmoción social”. El exmandatario vive en ese país de donde es su esposa.

Correa, que enfrenta una orden de captura en Ecuador por un delito que le endilga la fiscalía desde antes de que estallaran las protestas, negó sin embargo que esté alentando el golpismo.

Lo cierto es que “tenemos un problema muy serio de desajuste de la economía. Los precios de los combustibles es (un tema) muy complejo que ningún gobierno lo ha tocado en 15 años. Si es que el gobierno cede, se verá obligado a endeudarse mucho más”, señaló a la AFP Simón Pachano, politólogo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Estados Unidos, la Secretaría General de la OEA y siete países latinoamericanos encabezados por Brasil, Colombia y Argentina cerraron filas en torno a Moreno.