Hoy, se celebra el Día de los Muertos, un momento lleno de sincretismo pues si bien se considera una fecha cristiana, según el libro ‘The American Encyclopedia’, varias de las tradiciones de este día son de origen pagano y otras, como en Ecuador, mantienen la cosmovisión indígena. 

Cada 2 de noviembre, entre 60,000 y 200,000 personas llegaban a los cementerios de ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca. 

Inusual momento

Familias reuniéndose para comer junto a las tumbas de sus muertos. Incluso, quienes llevaban artistas para que tocaran las canciones favoritas de quienes partieron. Esas, eran las imágenes que año tras año se plasmaban este día; sin embargo, debido a la pandemia ocasionada por la Covid-19 estas reuniones no fueron posibles, para evitar aglomeraciones que propaguen el virus.

Solo 50 de los 221 municipios a escala nacional permitirán el ingreso a los campos santos, manteniendo medidas como limitación de tiempo en las visitas.

500 años de tradición

El cementerio de Calderón era el sitio de la capital donde los ritos y costumbres indígenas de llevar comida a los difuntos se ha mantenido vivo desde hace más de 500 años.   

Este año, no será posible pero, a través de la gastronomía se rendirá homenaje a los muertos. 

Alimentos con cosmovisión indígena

Distinto a lo que pasó con la preparación de la fanesca que, en este 2020, no llegó a la mayoría de hogares ecuatorianos. La colada morada se oferta desde inicios de octubre, como un símbolo de unión familiar. Sin embargo, este bebida tiene una historia de origen ancestral. 

La colada morada data de época prehispánica. Su aparición, explica el informe de investigación ‘La colada morada como patrimonio cultural gastronómico y turístico de la parroquia Calderón, Distrito Metropolitano de Quito’, se remonta hace más de 5000 años, desde que las culturas precolombinas que habitaban en los territorios de lo que hoy se denomina Ecuador, recolectaban frutas silvestres como el mortiño, las moras, las naranjillas e incluso las piñas de la zona subtropical.  

A esta bebida se la acompañada con las denominadas ‘guaguas’ de pan para mimetizar –antes que sincretizar– rituales funerarios indígenas, en los que los deudos, bajo la guía de un chamán, clavaban una muñeca tallada en madera en las tumbas de los finados. 

El estudio de investigación cita a Julio Pazos, poeta, novelista y cronista e investigador culinario ecuatoriano, quien narra que el origen de la tradición se remonta a cuando un monje benedictino francés decidió recordar a los difuntos al día siguiente de la Fiesta de Todos Los Santos, y que luego esta práctica se declaró fiesta oficial de toda la cristiandad. LA HORA ECUADOR