Ecuador, que tuvo a Guayaquil como uno de los escenarios más dantescos de la primera ola de COVID-19, vivió su primer fin de semana de eliminación de la mascarilla entre el alivio de quienes se sienten libres de no llevar tapabocas y el temor de aquellos se resisten a dejarlo por posibles nuevos rebrotes.

El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, anunció el jueves la eliminación del uso de tapabocas en lugares abiertos y cerrados, al señalar que el plan de vacunación «ha permitido que ahora 5 de cada 100 pruebas de COVID-19 sean positivas», en lo que consideró «una clara muestra de que prácticamente hemos vencido a la pandemia».

En Guayaquil los asistentes a un partdo de fútbol y los que fueron a un concierto pudieron disfrutar dichos eventos sin la mascarilla puesta.

El Municipio se acogió a la disposición gubernamental a medias, pues en esta ciudad todavía es obligatorio el uso de esta prenda en espacios cerrados, especialmente en el transporte público, centros educativos y casas de salud, entre otros.

Luego del anuncio del presidente Guillermo Lasso, durante el partido de Barcelona por Copa Sudamericana varios hinchas dejaron de usar mascarillas.
Luego del anuncio del presidente Guillermo Lasso, durante el partido de Barcelona por Copa Sudamericana varios hinchas dejaron de usar mascarillas. ( API )

Este domingo, 1 de mayo, los asistentes a la marcha por el Día Internacional del Trabajador recorrieron las calles del sur y centro de la ciudad con y sin cubrebocas.

Guayaquil protagonizó a inicios de la pandemia uno de los episodios más trágicos con los sistemas sanitario y funerario colapsados, lo que obligó a muchos a convivir con los cadáveres de sus familiares en sus hogares por varios días.

En Cuenca se observó lo mismo en las marchas y también en el caso de turistas que tenían esta prenda, aunque mal puesta. Otros ya no la usaron. Esto a pesar de que en la capital del Azauy aún es obligación llevarla, según lo estableció el Municipio.

Las estadísticas del Gobierno no han calado por completo en toda la población, por eso en las grandes ciudades la gran mayoría es reticente a abandonar este elemento, cuyo uso era obligatorio desde abril de 2020.null

Asistentes a las marchas por el Día del Trabajador asistieron con y sin mascarillas.
Asistentes a las marchas por el Día del Trabajador asistieron con y sin mascarillas. ( EFE )

En uno de los centros comerciales más concurridos de Quito, los visitantes y dependientes usaban las mascarillas, mientras desde los altavoces salían mensajes reiterando su uso obligatorio.

También en pequeños comercios seguía su uso. Gloria vende frutas en una tienda y aseguró que no se sacará la mascarilla por temor a rebrotes: «Ya estoy acostumbrada, también sigo usando alcohol todo el tiempo. A mí me da miedo», dijo.

Y una compradora complementaba: «Yo hasta ahora dejo los zapatos fuera de casa. Hay que tener cuidado».

Igualmente clientes y peluqueras usaban mascarilla en centros de belleza, así como dependientes y comensales en pequeñas cafeterías, e incluso Carmen, que vende flores en una acera de Quito, y Francisco, vendedor ambulante de cigarrillos, aseguraron que la seguirán usando «por precaución».

ROSTROS DESCUBIERTOS

Pero también hay quienes, como Christian Guañuna, creen que esto fue «lo mejor que pudo hacer el Gobierno» ante la bajada de contagios, pues aduce que le resultaba complicado respirar con la mascarilla.

Turistas en Cuenca caminaban por las calles de Cuenca sin mascarillas.
Turistas en Cuenca caminaban por las calles de Cuenca sin mascarillas. ( API )

Es «un tiempo prudente ya porque en estos últimos feriados que ha habido (Carnaval y Semana Santa) ni se ha escuchado que ha habido contagios», anotó.

Con criterio dividido, María Nascimento, ve con buenos ojos la eliminación del uso en ambientes abiertos, aunque no en cerrados.

Entiende que la gente tenga temor a retirarse la mascarilla pues aún no ha terminado la pandemia y comprende que para los habitantes de la costa será un alivio mayor debido al clima.

RESISTENCIA AL USO Y AL RETIRO

La disposición de eliminar las mascarillas llegó en momentos en que el país acumula más de 868.000 contagios confirmados por PCR y por sobre los 35.000 fallecidos durante la pandemia, entre casos confirmados y probables por la enfermedad.

Con corte al 27 de abril, las estadísticas oficiales señalan que el 82,95 % de la población cuenta ya con el esquema completo de vacunas y el 34,68 %, incluso tiene ya una dosis de refuerzo.

Eduardo Castellanos, vendedor de mascarillas, coincide con quienes temen rebrotes, como sucede en China.

«No creo que porque el Gobierno decreta, todo el mundo va a hacerle caso. Hay gente que cuida su salud y usamos todavía la mascarilla», comentó.

Grupos de personas con y sin mascarillas caminan por las calles de Quito.
Grupos de personas con y sin mascarillas caminan por las calles de Quito. ( EFE )

Luis Rubén Jerez comprende el temor de la gente: «En un principio no querían ponerse la mascarilla y ahora no quieren quitársela. ¿En qué mundo vivimos? pero de todos modos, le vencimos al virus y ya, por fin, somos libres», anotó.

La gente «que quiere protegerse, puede ponerse traje espacial, si quiere hacerlo, eso está a discreción. Si quiere ponerse doble mascarilla, perfecto, pero yo ya me siento libre, tengo la cuarta vacuna», dijo este quiteño que vive en Estados Unidos.

«Y si en uno o dos meses regresa, nos ponemos otra vacuna», simplificó.

FUENTE: ECUAVISA