El encarecimiento de la gasolina súper no solo ha hecho que los consumidores opten por usar combustibles más baratos como la extra y ecopaís, sino que la demanda se vuelque también hacia el GLP (gas licuado de petróleo).

Según la Cámara de Distribuidores de Derivados de Petróleo (Camdepe), la venta de barriles (tomando como referencia el mes de marzo) subió de 5.557 a 23.589, en los últimos tres años. Este repunte, explica Oswaldo Erazo, secretario del gremio, responde a la demanda principalmente de taxis, pues son los automotores autorizados a utilizar GLP como alternativa de combustible.

Esta migración ha implicado que los dueños de automotores deban invertir en equipos que permitan la adopción de este carburante. Ese costo, explica Alexis Ortiz, ingeniero mecánico y experto en gasolinas, podría alcanzar los $ 900 en el mercado. No obstante, cree que muchos prefieren gastar por las ventajas que representa a corto y mediano plazo. El primer efecto es el ahorro.

INVERSIÓN. Migrar a este combustible implica hacer inversiones en nuevos equipos. Instalarlos en los carros demanda entre $ 600 y $ 900.

Un taxista que normalmente recorre 270 kilómetros durante un día requiere tanquear su carro a un costo de $ 25, hacerlo con GLP, dice René Juca, gerente de la cooperativa de taxis 4 de Abril, significa que el chofer tenga que sacar de su bolsillo apenas $ 8. En su empresa, cuenta, el 80 % de sus 525 socios ya ha migrado a este nuevo combustible.

Pero no solo se accede a un producto más barato, sino a uno de mejor calidad. Ortiz señala que “su rendimiento, con relación a la gasolina, es de un 20 % más, pues la calidad del GLP llega a equipararse al de una súper o a una gasolina de más de 90 octanos”, dice.

Pero lo que representa un alivio para los taxistas, no lo es para el Estado. Una mayor demanda      implica que el Estado deba desembolsar también mayores recursos en los subsidios que destina al GLP, aun cuando su política de los últimos años ha sido eliminar progresivamente esa cobertura.

“Hay que tener en cuenta, que para recorrer la misma distancia de un galón de gasolina se requieren dos kilos de GLP. Un kilo más o menos está subsidiado en 0,85. Eso quiere decir, que por cada galón que migra, los taxistas están usando 2 kilos de GLP y eso le estaría costando al Estado en subsidio $ 1,70”, explica Erazo.

Tras la liberación del precio de la súper en el 2018 (su valor empezó a fluctuar según el costo del petróleo y a dejar estar cubierto por una contribución estatal), dice Ortiz, el país logró evitar el contrabando que existía con el combustible; no obstante, dice, poco se previó el efecto que podría tener esta migración. “Vemos que hay más demanda de extra, ecopaís y ahora GLP, combustibles que se siguen subsidiando. El efecto final, la matemática final, es que el Estado sigue gastando dinero en subsidios”. Ayuda que, aclara, hace que los taxistas tengan un precio especial para ellos, muy por encima al que recibe la industria.

Del consumo total de GLP que tiene el país, el Gobierno debe importar el 80 %. Este generalmente va a la demanda de los hogares, para la industria y para el sector automotor. Si se observan sus precios, en terminal, se tiene que el costo del kilogramo más costoso es el que utiliza el sector productivo, pues este vale $ 1,15, muy distante al que ya pagan los taxis ($ 0,18) y el doméstico ($ 0,10).

Para Ortiz, hace falta que el Gobierno trabaje en una política clara de la matriz energética que no solo sopese la prioridad que está dando en la entrega de algunos subsidios, sino que permita aprovechar de mejor manera los recursos que existen. “Si utilizáramos mejor el gas natural, si supiéramos aprovechar el gas natural, tendríamos la oportunidad de convertir ese gas, que sale de los mecheros en todos los pozos petroleros, y explotarlo de mejor manera en varios usos, así el nivel de importación no sería tan alto”.

FUENTE: EXPRESO