Nacido en Puéllaro el 14 de marzo de 1918, Segundo Amador Rodríguez Egas, ha cumplido 100 años. Vive junto a su esposa, doña María Ayala y su hija Amada Rodríguez quien dejó su profesión por cuidar de su padre.

Único hijo y con unos padres que enfermaron a sus 10 años, dejó la escuela y se dedicó a la agricultura en una hacienda. Años más tarde llegó a Quito y trabajó en el Ministerio de Agricultura y ahí se jubiló siendo reconocido en su trabajo como Ingeniero Agrónomo práctico.

Luego de su jubilación don Amador siguió con su pasión por la agricultura y dentro de sus tierras sembró legumbres y siempre llevó a sus hijos, nietos y bisnietos a cuidar de sus sembríos y cuidar de los animales, así nos contó Fanny Campaña, bis nieta. Cuenta que en el pueblo lo veían con azadón al hombro y lo admiraban porque a esa edad seguía trabajando.

Hace 8 años enfermó. Tuvo que ser intervenido quirúrgicamente y eso debilitó su salud, ya no fue el mismo.  Al principio, se sintió inútil, ya no podía salir al campo y realizar sus actividades, provocando que su ánimo disminuya. Ahora, es cuidado minuciosamente por su esposa y su hija.

En algunos momentos tiene lagunas mentales. Entonces piensa que es el capitán. En casa todos le dicen así porque siempre quiso ser parte de las Fuerzas Armadas del Ecuador. Amada con una sonrisa, mencionó que es un “cantante frustrado” porque siempre le gustó cantar. Y no perdimos la oportunidad de escucharlo. Junto a su hija nos cantó Puéllaro Lindo.

Quedó viudo hace cerca de 45 años y hace 40 se volvió a casar con doña María. En la actualidad tiene 8 hijos, 22 nietos, 22 bis nietos y 11 tataranietos resultado de sus dos matrimonios. Cuando sus descendientes van a visitar a don Amador, le piden la bendición, tradición que ha perdurado, siendo que el amor por todos sus hijos ha sido por igual.

Doña Amparito, nieta del capitán, recalcó que si no fuese por el cuidado de su esposa no estaría vivo y es por ese motivo que todos la agradecen y la admiran.

Sus 100 años los celebró junto a su familia y con una torta de la que pidió le sea servida una rebanada porque ahora una de sus grandes pasiones, es comer. De esa manera, sus familiares auguran más años de vida para ver crecer a sus próximas generaciones. /J. Burga