La mañana de este 15 de marzo, en la sesión ordinaria de Concejo No. 209 se conoció el detalle técnico de lo que sucedió en el aluvión de La Gasca y La Comuna el pasado 31 de enero de 2022, sus causas y consecuencias por la situación de las lluvias y el cambio climático de la ciudad. Investigadores de universidades demostraron que la gran cantidad de lluvias y la saturación de suelo, en la parte alta de las laderas, causaron el aluvión, a pesar de la infraestructura existente en la quebrada El Tejado.

El alcalde Santiago Guarderas dijo que la Secretaría de Seguridad presentó los planes para enfrentar los temas de riesgos, además existe el Plan de Rehabilitación, Reactivación y Recuperación de la Gasca y La Comuna. Indicó que se sigue ayudando a las familias damnificadas.

Señaló que no es suficiente la implementación del sistema de alarmas, hace falta la capacitación de los vecinos para que sepan cómo actuar. También se debe crear un comité de científicos de disminución de riesgos que analizarán la topografía de las laderas y se trabaje a futuro en la zona, así como se lo hizo en la época de Rodrigo Paz.

Hugo Yepes, asesor técnico de la municipalidad, informó que pequeños deslizamientos a los 4 mil metros de altura generó un efecto de bola de nieve y bajó el flujo de lodo, arrastró material y escombros, en un recorrido de 2.5 km. Adicionalmente una pendiente de 40% hace una resbaladera para trasladar el material en poco tiempo hacia el sector de La Gasca.

Mostró una serie de mapas satelitales que indicaron la gran cantidad de nubes ubicadas en la zona del Pichincha el 31 de enero, antes y después de esa fecha.

Informó que desde 1996 hasta el 2001 se desarrolló el programa Laderas con la construcción de 48 estructuras de control en 33 quebradas, luego se hizo también en el Atacazo. En el caso del Tejado se realizó un reservorio de 4500 metros cúbicos de almacenamiento. Sin embargo, el deslave produjo 70 mil metros cúbicos de agua, lodo y escombros arrastrados. Es decir, 8 veces más la capacidad de captación.

Explicó que son inversiones grandes las que se hicieron en las laderas alrededor de 1000 millones de dólares, entre estructuras de captación diques y colectores en los últimos 30 años. Por tanto, deben seguirse realizando mediante nuevas modelaciones y estudios técnicos de la zona.

Daniel Andrade, del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, informó que en este estudio participaron varias universidades incluidas la San Francisco y de Gran Bretaña y confirmó los resultados técnicos ya realizados en el aluvión. Las fotografías demostraron los desprendimientos del material desde los 4000 hasta los 2800 metros. El tipo de vegetación y suelo existente en la zona y las lluvias generó el aluvión de La Gasca. La quebrada tuvo fluctuaciones de erosión de 3 metros en la parte alta hasta los 14 metros en la parte baja de la Comuna.

Añadió que el volumen total de lodo que bajó fue de 30 a 35 mil metros cúbicos, es decir, la corriente del río Pastaza en un día normal cuando pasa por la ciudad de Baños. El último deslave se produjo en 1975, hace 50 años, por lo que es necesario tomar en cuenta a futuro el cambio climático y las intervenciones que deben hacerse en el sector.

Liliana Troncoso, de la Universidad Central, dijo que se centraron en la zona de La Gasca y trabajaron en un mes con 214 archivos (fotografías y videos) del aluvión el 31 de enero y 1 de febrero. Fueron analizadas 294 imágenes de los medios de comunicación. Analizaron la velocidad del flujo de lodo y las calles afectadas en la zona en 3.15 km de recorrido entre la Comuna hasta la avenida 6 de Diciembre.

Señaló que por el lado norte se agregó escombros y basura a los flujos de lodo, especialmente, de un terreno ubicado en la parte baja de la cancha de vóley. El parque Pambachupa ayudó a reducir la energía del flujo, esto demuestra a futuro que en la zona se deben crear más zonas verdes y otras intervenciones en las Laderas.

Diego Paredes, de Universidad Central Ecuador, dijo que realizaron una inspección desde 1 de febrero y visitaron las quebradas de El Tejado y Armero. Mostró los datos de lluvia generada ese 31 de enero con 75 milímetros de agua caídos en la zona. En esa fecha cayó casi el 50% de lluvia en relación a todo el mes de enero.

Dio algunas conclusiones que es necesario proyectar, planificar y fomentar acciones a corto y largo plazo relacionadas con la gestión integral de las cuencas hidrográficas y la conservación de las laderas del Pichincha, dirigidas a prevenir la erosión del suelo y evitar futuros deslizamientos de tierra. Adicionalmente se recomienda implementar el monitoreo hidrometereológico de esta cuenca y de disponer de sistemas de alerta temprana.

Existen edificaciones aguas arriba de la Av. Mariscal Sucre, que están prácticamente al borde de la quebrada, mismas que tienen un riesgo inminente, y que ha contribuido a la modificación de los usos y cobertura de suelos naturales provocando incrementos de escorrentía superficial.

“Es fundamental realizar estudios geológicos, topográficos, hidrológicos e hidráulicos con la finalidad de desarrollar modelaciones bajo escenarios de la mezcla de sólidos y fluidos, cuyos resultados pueden aportar en la toma de decisiones en la planificación del uso de suelo, obras de control y protección”, concluyó Paredes.