El lunes 31 de enero de 2021 será recordado como una fecha fatal en Quito, sobre todo en los sectores de La Gasta y La Comuna (centro-norte). El gran aluvión que bajó desde la quebrada El Tejado —faldas del Pichincha— dejó a su paso, según los datos más recientes, 27 muertos, 55 heridos, 348 afectados, 8 viviendas colapsadas…

Y entre el lodo también quedan preguntas: ¿quiénes tuvieron la responsabilidad o qué ocasionó la catástrofe? ¿Puede pasar de nuevo? y ¿Qué otras zonas de la ciudad están en riesgo?

El arquitecto Fernando Carrión, reconocido urbanista, comenta que las condiciones climáticas, modificadas por el cambio climático tienen que ver; pero “ese cambio climático no es producto natural, sino consecuencia de las acciones de los seres humanos, como la tala de bosques y los asentamientos en lugares de riesgo”.

Agrega que en Quito sí ha existido una planificación de prevención de riesgos durante aproximadamente 30 años; sin embargo, “en estos últimos tres años de ausencia de gestión, ha conducido a que se ponga en peligro la zona del Pinar Alto y ahora a La Gasca. Se descuidó toda la ciudad y ahora estamos viendo las consecuencias”.

Para él, este hecho se pudo haber evitado, si el Concejo Municipal, a través de sus miembros en los directorios de las empresas, exigía o planteaba que se realice monitoreo del Pichincha, por el incremento de las lluvias. “Pero estaban en otra. Creo que hoy en día la ciudad está pagando esa posición del Concejo, de los directorios de las empresas, porque lo que estamos viviendo puede ser responsabilidad de la Secretaría de Medio Ambiente, pero también de la Empresa de Agua Potable y Alcantarillado, entre otros”.

El Municipio aseguró, a través de su cuenta de Twitter, que el aluvión no fue producto de la deforestación:

También, el alcalde, Santiago Guarderas, sostuvo en la misma red, que “la cuenca de Pambachupa está cubierta de pajonal de páramo, mientras que las bajas tienen vegetación arbustiva nativa o árboles como el ecucalipto:

Lugares vulnerables

Christian Rivera, gestor de riesgos de la Universidad Central, indica que, sin programas y planes fuertes de prevención por parte de las autoridades en la capital, si no se instalan sistemas de alerta temprana, es muy probable que suceda un nuevo aluvión en cualquier lugar donde haya laderas.

“Es fundamental la participación ciudadana para la reducción de riesgos —asegura—. A las personas se les debe capacitar para que puedan desenvolverse frente a deslaves, incendios forestales, terremotos y otras amenazas de origen natural y de origen antrópico”.

Carrión contempla que la expansión urbana se está dando hacia el norte y el sur de la ciudad, en el Pichincha, así como al Valle de Los Chillos, Cumbayá y Tumbaco. Ahí hay “problemas con quebradas, y a eso se suma el riesgo con las cuencas de los ríos (como el Monjas y el San Pedro). Creo que ahí vamos a empezar a tener problemas”, dice.

De acuerdo con el Atlas de Amenazas Naturales y Exposición de Infraestructura del Distrito Metropolitano de Quito, Segunda Edición (2015), existen 156 barrios susceptibles a inundaciones. “Las inundaciones no sólo dependen de las condiciones meteorológicas, sino también de las características físicas de los territorios y, en el caso de Quito, de las condiciones y la capacidad de evacuación de aguas de escorrentía en que se encuentren las alcantarillas y recolectores de aguas de lluvia”, se señala en el documento.

Entre algunos sitios que se encuentran en alta vulnerabilidad están: Carapungo, Agua Clara, Consejo Provincial, La Ofelia, Ponceano Bajo, Chaupicruz, Mariscal Sucre, Caupicho, Guamaní Alto, Solanda y San Bartolo:

https://www.quito.gob.ec/Atlas_amenazas_naturales_DMQ.pdf

Qué hacer en caso de emergencias

Rivera explica que, si vive cerca de quebradas, diques, reservorios de agua, y observa que el caudal empieza a subir, hay caída de escombros, humedad, sonidos fuertes o inusuales en las quebradas, debe llamar inmediatamente a las autoridades para que haya una inspección.

Por otro lado, “como comunidad, debemos hacer el plan familiar de emergencias, que se enfoca en que, cuando se de un acontecimiento de riesgo, cada integrante de la familia cumpla un rol. Deben saber cómo actuar, cómo ayudar”. 

Añade la preparación de una mochila de emergencia, que es fundamental para los tres primeros días. “Hay que tener los kits de aseo, agua, comida no perecible, ropa abrigada, un radio con pilas, linterna con pilas. Eso permitirá generar capacidades para aprender a vivir con el riesgo y ser una población menos vulnerable de estos eventos”, concluye.

FUENTE: ECUADOR CHEQUEA