Las calles Loja se han convertido en un enorme lienzo y en un gigantesco escenario para cientos de artistas nacionales y extranjeros que participan en el Festival de las Artes Vivas, la mayor vitrina de la cultura en Ecuador.

Con tizas de colores, cientos de infantes y adolescentes lojanos pusieron imaginación para plasmar obras de arte en la calle, ese frío pavimento calentado por el fragor del trazo y de la textura.

Estela ha improvisado un pequeño puesto de venta de tizas, con paquetes de varios colores que salen a 25 centavos de dólar cada uno, o por unidades a 10 centavos cada cilindro.

Los niños y sus padres la rodean para adquirir las tizas con las que pintan la calle, aunque también hay caballetes con cartulinas para que los infantes que así lo deseen hagan sus figuras con acuarelas.

Héroes infantiles, fantasías de cuentos de hadas, historias del desamor, ritos religiosos, momentos patrios y hasta figuras del inframundo parecen impresas en la calle Bolívar de Loja, que ahora figura como una serpentina de brea coloreada con tizas de colores, en un acto masivo de apropiación del espacio por amor al arte.

Por eso, muchos de los jóvenes yacían acostados en el asfalto midiendo las líneas y los colores de sus imágenes, casi sin percatarse que encima de ellos un ejército de personas caminaba con cuidado para evitar pisar algunas de las miles de obras fijadas en la calzada.

Y si bien es casi imposible evitar tanto arte, algunas obras, muy bien logradas, eran custodiadas por sus creadores con gratas sonrisas de satisfacción tras haber concluido sus obras, por las cuales no requerían ninguna retribución o, quizá, alguna mirada de aprobación.

En medio de esa vorágine de imágenes, artistas sentados en sillas retrataban a los transeúntes que lo querían con caricaturas bien logradas con los trazos precisos del carboncillo.

Ray Lee es un artista de origen asiático que vive en la ciudad ecuatoriana de Cuenca y que en el Festival de Loja trabaja con un amigo peruano este arte de la caricatura rápida.

Apenas cinco minutos le toman a Lee para elaborar un retrato caricaturesco de cualquier persona y lo hace con tal destreza que asegura que es el más rápido de la Feria, donde hay algunos artistas callejeros como él.

Por entre tres y cinco dólares, este pintor dice que llegó a Loja para participar en el Festival de las Artes, donde comenta que el mundo de la cultura tiene su espacio.

Lee aseguró a Efe que nunca tomó clases de dibujo o pintura, como muchos de los artistas callejeros que han aprovechado la apertura de las avenidas céntricas de esta ciudad para mostrar sus obras y hacer algún dinero.

Cerca de él están otros de sus colegas, que hacen de estatuas humanas y que deleitan con extravagantes posturas que parecen desafiar la física y el sentido común.

Alguno de ellos, venezolano y al que se lo ve levitar, toca el arpa melodías llaneras ante el asombro de los más chicos que no se explican como puede permanecer en el aire sin caerse.

También la calle se ha convertido en el espacio para la artesanía, donde algunos ofrecen las delicias de la zona como el afamado café de Loja o los manjares de cacao.

Pero es toda esta ciudad la que respira Arte durante esta cuarta edición de su Festival de las Artes Vivas Loja (FIAVL) 2019, en la que, como plato fuerte, se ofrecen las obras teatrales, de danza o títeres de 23 países participantes.

Grupos de Serbia, Corea del Sur, Suiza, Bolivia, Colombia, Ecuador, México, Uruguay, Perú, Japón, España y una presentación compartida entre artistas de Argentina y Estados Unidos forman parte del repertorio del Festival que se extenderá hasta el próximo 25 de noviembre.

En esta edición se presentarán una media de 13 actividades culturales cada día, lo que le convierte en la edición en la que más actividades se han programado, según sus organizadores.

Pero es la población lojana la que ha convertido al FIAVL en un símbolo de identidad y en una vitrina para la cultura.

Por eso, el alcalde de Loja, Jorge Bailón, apostilló: “El arte no es una alegría ni un placer ni una diversión, el arte es una gran cosa, se trata de un órgano vital de la humanidad que transporta al dominio del sentimiento las concepciones de la razón”.