Un sistema educativo en el que prácticamente no hay alumnos que reprueben el curso ni abandonen sus estudios es lo que muestran las estadísticas oficiales de los dos últimos años en el país. Una diferencia que salta a la vista si se la compara con los datos de los años precedentes.

Pero mientras esas cifras indican un éxito educativo, la realidad es que corresponden a los dos años de mayor retroceso general en cuanto al aprendizaje de los alumnos y permanencia en las aulas, debido a la pandemia de COVID-19.

Precisamente, la principal causa de esta contradicción entre cifras y realidad es la disposición de que ningún alumno debía reprobar, emitida primero por el Ministerio de Educación del gobierno anterior y mantenida luego por el actual.

El resultado son las tasas más altas de promoción (lo que comúnmente se llama ‘pasar de año’) de la última década; así como las más bajas de deserción escolar, justo en los dos años de obligada virtualidad con problemas de conectividad y con déficit de aprendizajes.

Para el exsubsecretario de Educación y actual rector de la unidad educativa particular Santiago Mayor, Juan Carlos Rodríguez, habría que al menos colocar asteriscos sobre los datos de esos dos últimos años y recordar el contexto: “Los datos de 2020 y 2021 no son comparables ni medibles con los de 2019 hacia atrás. Estamos hablando de realidades totalmente diferentes”, enfatiza.

María Eugenia Rodríguez, presidenta cantonal de la UNE en Guayaquil y directora de una unidad educativa pública, coincide en que las cifras no corresponden con la realidad y que esto más bien puede confundir a la comunidad.

A su criterio, aplicar la enseñanza virtual en un país sin suficiente conectividad ni recursos tecnológicos nos tenía que pasar factura. “Educación no adoptó políticas en favor del estudiante: si hubiera facilitado internet gratuito y un dispositivo por familia, seguramente el resultado sería diferente. No se trata de que el estudiante pierda o no pierda el año, sino de que no se viera tan afectada la calidad educativa, eso era lo más importante”, afirma.

Rodríguez también anota que estos dos últimos años no tuvieron la exigencia ni la rigurosidad que hubo hasta 2019; y que más bien se desarrolló un currículo priorizado, con mínimos básicos de contenidos.

Estima que la disposición ministerial buscaba que el proceso educativo no se paralizara totalmente ni se produjera una deserción masiva de alumnos.

Por esos y otros motivos reitera que no son comparables esos años con los anteriores. Y acota que el desafío de 2022 en adelante de Educación y de los maestros es la nivelación y la readaptación de los alumnos al sistema. “Hay alumnos que han pasado dos años sin haber vuelto a la escuela”, explica.

Organismos especializados como la Unesco y la Unicef, así como el propio Ministerio, señalan que la pandemia causó un retroceso de al menos siete años en el aprendizaje de los alumnos y un alto abandono del sistema, sobre todo entre los de planteles públicos.

Aunque las cifras oficiales del país indiquen lo contrario.

LA MATRÍCULA: CIEN MIL ESTUDIANTES MENOS

Un aspecto que refleja uno de los efectos de la pandemia, el cierre de las escuelas y el paso a la virtualidad en la educación del país, es la reducción de la cifra de matriculados en los dos últimos años. 

En su momento, el Ministerio de Educación habló de 50.000 alumnos, pero las cifras finales señalan que casi cien mil estudiantes salieron del sistema entre 2020 y 2021. 

La educadora y dirigente de la UNE, María Eugenia Rodríguez, lamenta que Educación no haya anunciado por ahora alguna estrategia específica para reincorporarlos.

Nivelación El Ministerio de Educación ha anunciado un currículo rediseñado para impulsar la nivelación desde el nuevo ciclo escolar

FUENTE: EXPRESO