Por Eric Samson RFI en Español

Avanzar en el socialismo del siglo XXI pero con austeridad. Esa ha sido la promesa que el oficialista Lenín Moreno realizó en Ecuador al asumir como su nuevo presidente. Moreno deberá hacerse cargo de la revolución ciudadana promovida por su antecesor Rafael Correa pero en un contexto muy diferente a la bonanza petrolera que le favoreció: la deuda externa trepó al 150% del PIB en la última década, la economía decreció un 1,5% en 2016 y el precio del crudo, principal producto de exportación, cayó de 98 dólares por barril en 2012 a 35

Por más que haya insistido en recordar los logros del proceso conocido como “Revolución Ciudadana” y del presidente saliente Rafael Correa, Lenín Moreno reconoció que el Ecuador no está en su mejor momento económico y necesita bajar el gasto público: «Como lo ofrecí en campana firmare un decreto de austeridad en el gobierno, todo gasto toda inversion pasara por un filtro objetivo de necesidades ciudadanas. Vamos a sostener la dolarizacion».

Lenín Moreno afirmó que no realizará los programas ciudadanos semanales conocidos como sabatinas. Busca una nueva relación con los medios de comunicación privados del país, considerados como “enemigos” de la Revolución Ciudadana por el presidente saliente. Ofreció una relación “fresca y dialogante” y en general un estilo menos agresivo, más incluyente: «Todos, absolutamente todos formaremos parte de un ineludible diálogo nacional. Va a concluir una etapa que como todo tiene aciertos y errores. Soy el presiente de todos, me debo a todos, respeto a todos».

Para el 2021, Moreno prometió entregar un país más integrado internacionalmente, con una dolarización fortalecida y más justo internamente.