Entre el 1 y el 24 de enero de 2022, se han registrado 243 muertes violentas a nivel nacional. Una cifra que supera a 2021, cuando en ese mismo periodo se registraron 91 decesos de ese tipo.

El presidente, Guillermo Lasso, señaló directamente a los grupos narcocriminales como responsables de los últimos hechos de violencia del país, por ejemplo, la matanza del Guasmo Sur o los asesinatos en modalidad sicariato en Guayas, Los Ríos y Lago Agrio.

Lasso dice que existen represalias de los cárteles, porque en 2021 hubo un récord histórico de 210 toneladas de droga incautadas y que en las primeras semanas de enero de 2022 ya suman 15 toneladas solo de cocaína.

Para expertos en seguridad, el dato de los cárteles de narcotráfico no es nuevo y advierten que una política que no identifica qué tipo de grupo delictivo llega al país, ni por qué motivación, deja “la puerta abierta” a que las calles sean cada vez sitios menos seguros. Los cárteles, dice Mario Pazmiño, exdirector de Inteligencia del Ejército Ecuatoriano, no son los únicos que trabajan en Ecuador, hay mafias que son “una escala mayor”, dice.

El poder de las mafias

En Ecuador se ha determinado que los cárteles de narcotráfico mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (JNG) tienen presencia y han reclutado a bandas nacionales, como Los ChonerosLos Lagartos y las otras cuatro bandas que se disputan el poder de las cárceles en el país.

Pero a diferencia de los cárteles cuyo ‘motor’ es el narcotráfico, las mafias no se dedican a un solo tipo de actividad delictiva. Pueden sí, controlar el paso de sustancias ilegales, pero también lucran de la trata de personas, tráfico de órganos, armas y oro, depende del tipo de organización. “Por ejemplo, la mafia albanesa tiene su característica especial: trabaja con los envíos (de droga) hacia Europa y Medio Oriente”, detalla Pazmiño. Y es precisamente esta mafia la que ya se ha identificado en el país.

Nuevas alianzas delictivas

 La presencia de grupos criminales balcánicos en países como Colombia y Ecuador consta en un informe de las Naciones Unidas para el Crimen Organizado (Unodc). Ahí se detalla que buscan tener presencia en ciudades donde los grandes grupos criminales tengan el control de las cárceles.

Jorge Machuca, sociólogo, dice que al saber desde dónde trabajan los grupos criminales les permite tener un primer contacto con los proveedores en Sudamérica y formar alianzas. “Un cártel de México o Colombia no puede pasar a Europa sin el consentimiento de estas mafias”, agrega.

El sociólogo dice que para 2010, los primeros albaneses llegaron a Ecuador. “El Estado no activó un sistema de inteligencia que haga un seguimiento que evite que hagan nexos y ganen espacios”. Esto coincide con los datos InSight Crime (fundación dedicada al estudio de la principal amenaza de la seguridad nacional y ciudadana en América Latina), que detalla que de los 160 albaneses que ingresaron a Ecuador en 2018, “al menos 20 podrían ser narcotraficantes, según un agente antinarcóticos, citado por la fundación

El primer caso conocido en el país fue el de el albanés Adriatik Tresa, acribillado por siete hombres vestidos de policías, en noviembre de 2020, en Guayaquil. La víctima era parte de una investigación de la Unidad de Antinarcóticos, por narcotráfico y fue señalado como uno de los autores del asesinato del periodista Fausto Valdivieso.

Los primeros albaneses involucrados en narcotráfico llegaron primero a Colombia hace más de dos décadas

¿Qué sigue?

Cuando las masacres penitenciarias empezaron en febrero de 2021, con 79 muertos y cerraron el año con más de 300, más de una persona advirtió que la violencia de las cárceles se trasladaría a las calles.

Machuca dice que con las mafias ganando territorios se puede hablar de nuevos delitos. “Tal como cuando se empezó a hablar de sicarito, que ahora ya no es nuevo. Pueden abrirse campos para el tráfico de órganos, el turismo sexual, que ya lo viven países vecinos”, agrega.

Por su parte, Pazmiño indica que el tener un grupo atrae a otros, como las mafias sicilianas, rusa (asentada en Venezuela) o la tríada (mafia china). Esto, agrega Machuca, crearía disputas por territorios de mayor dimensión que las que provocan los cárteles. “Son estructuras cuyos líderes tienen mucho poder económico y camuflan sus acciones”.

Un ejemplo, según la investigación ‘La bonanza de plátanos de un sospechoso de drogas albanés’ en 2009, el albanés Arbër Çekaj fundó una firma de exportación de banano en Ecuador, “que usó para ocultar narcóticos en buques cargueros”.

Que estas mafias estén hace casi una década, dice Pazmiño, muestra que en Ecuador no se han realizado procesos de investigación a profundidad. “Las mafias aprovechan esta debilidad y siguen incrementando su trabajo”.

Sobre las acciones del Gobierno, los expertos indican que reformar las leyes es más bien “populismo penal”, dice Machuca. Mientras, Pazmiño afirma que se necesita que todos los sistemas de seguridad nacional respondan a un comando unificado y que desde ahí se trabaje en la disuasión desde las mafias y los grupos delictivos transnacionales, hasta la delincuencia común. (AVV)

“Las mafias son el puntal del escalafón delincuencial. No solo se dedican a un tipo de actividad delictiva sino a varios”, Mario Pazmiño, exdirector de Inteligencia del Ejército Ecuatoriano.

FUENTE: LA HORA ECUADOR