El 30 de junio terminará el periodo escolar para la región Sierra-Amazonía y aunque ningún estudiante se quedará de año, hubo alumnos que perdieron su oportunidad de aprender porque no accedieron a las clases virtuales por falta de una computadora o internet.

Mariana Encalada vive con sus cuatro hijos: Verónica y Stalin, de 8 y 5 años de edad, respectivamente. La mayor estudia en cuarto de básica en la escuela fiscal Ernesto Farfán, a pocos metros de donde vive.

Pero con una voz afligida cuenta que, desde marzo pasado, cuando las clases presenciales se suspendieron, dejaron de aprender, pero no por falta de voluntad sino de recursos. Ella tiene un teléfono celular modesto, no tiene computadora y menos internet.

Situación similar viven Laura Pillacela y su hija Tamara, quienes viven en la parroquia rural de San Joaquín, pues desde que dejaron las aulas escolares la niña jamás volvió a recibir clases al no contar con una computadora o celular. “Ojalá algún día logre tener una computadora para que mi hija estudie, pues extraña aprender de su profesora”, comenta la madre.

Leandro Llagara vive en la comunidad Adobepamba, en la parroquia rural Octavio Cordero Palacios, y las condiciones económicas de sus padres, que trabajan en el campo y no tienen un sueldo fijo, le impiden comprar una computadora o pagar mensualmente por internet.

Entre marzo y mayo recibía parcialmente los deberes por WhatsApp de su papá, pero confiesa que a pesar de eso “aprendía muy poco”. Pero además dice que cada vez que su padre salía al centro a cargar saldo, “tenía miedo de que se contagie del coronavirus”.

Desde el 16 de marzo, cuando las clases se suspendieron por la crisis sanitaria del COVID-19, el Ministerio aplicó un programa denominado Yo me Educo en Casa. EL UNIVERSO