Teletrabajo: la odisea del 24/7

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La aparición del COVID-19 lo cambió todo, enfrentándonos a nuevas normalidades en nuestras relaciones humanas, educación y trabajo. Por: Gabriela Vivanco Collantes.

Si bien el teletrabajo es la mejor opción para seguir laborando desde nuestras casas, también ha dejado en evidencia la falta de empatía en muchos sectores laborales, que exceden los horarios habituales e incluso solicitando laborar fines de semana, cuando los sueldos, ni siquiera se pagan a tiempo.

En pleno siglo 21, el teletrabajo que se perfilaba como una opción fácil de adecuar a la realidad actual, se ha convertida en una forma de esclavitud laboral moderna.

Y es que, trabajar nunca había sido tan estresante, los jefes no logran comprender que en casa, no solo producimos para la empresa, también debemos encargarnos de la limpieza del hogar, preparar la comida, lavar la ropa, cuidar a los niños y ocuparse de que hagan sus deberes, y no importa si eres hombre o mujer, todos apoyan.

Olvidaron que en la casa, no solo somos servidores / as o trabajadores / as, somos mamá, papá, tía, tío, y que de hecho, formamos parte de una familia, que seguramente enfrenta una realidad cambiante debido al profundo impacto que ha provocado en nuestras vidas la aparición del COVID-19 y el confinamiento obligatorio.

Las instituciones tampoco se han preocupado en gran medida, por la salud mental de sus empleados, cuando están obligadas a velar por el bienestar de cada uno, buscando opciones para cuidarlos, incluso si no estamos presentes físicamente en la oficina.

Los empleados en modalidad de teletrabajo, también realizan otros aportes, trabajan con sus propios recursos para desarrollar sus actividades laborales, desde computadoras, celulares y planes de internet, todo sale del bolsillo del empleado, que incluso ahora, podría recibir un sueldo no menor al 55% del acordado antes de la pandemia, según la Ley de Apoyo Humanitario.

Entonces, teletrabajar para vivir, o vivir para teletrabajar?, parece que no tenemos salida, y dadas las circunstancias actuales, denunciar los abusos y la falta de coherencia en el discurso, significaría perder un trabajo que hoy por hoy, resulta un privilegio más que un derecho ganado.

La solución parece muy simple, pero no lo es, o trabajamos bajo estas condiciones o quién sabe si mañana, seremos parte de la extensa lista de desempleados, que luego de las medidas adoptadas por el Ejecutivo, seguirá incrementando.

En fin, si puede, haga uso de su derecho a la desconexión, apague el celular y relájese, mañana será otro día de teletrabajo.
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Gabriela Vivanco

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